Arrancamos un nuevo año (de creatividad). Otro. Hay algo en la velocidad del tiempo que me aterra y me fascina a partes iguales. Tú lo has sentido los pasados doce meses. Esa sensación de que la historia ya no camina, sino que esprinta, que te (nos) deja sin aliento, intentando procesar un titular antes de que el siguiente lo devore. 2025 fue, por decirlo suavemente, un año de vértigo. Y cuando el ruido es tan ensordecedor que te impide pensar, a veces necesitas que alguien baje el volumen del mundo, reordene el caos y te lo devuelva convertido en música. En ritmo. En algo que, por fin, puedas digerir.
Ese alguien, como cada enero, es Cyril Käppeli, el alquimista audiovisual suizo al que conocemos como Cee-Roo. Sus vídeos no son simples resúmenes, son inyecciones de memoria pura. Este año, su esperada retrospectiva ha llegado como un puñetazo en la mesa. Cuatro minutos. Solo eso ha necesitado para encapsular 365 días de tensiones políticas, revoluciones tecnológicas y esa extraña vibración humana que ha definido el 2025. No es un vídeo para ver de fondo mientras haces otra cosa. Es una pieza que te exige parar, mirar y – sobre todo – sentir.
La partitura del caos
Cee-Roo se dedica a hacer composición emocional. Fiel a su estilo visceral, no utiliza una banda sonora prefabricada, sino que construye el audio desde cero, sampleando el sonido ambiente de las noticias hasta convertir la realidad en una melodía hipnótica. En esta ocasión, el suizo ha tejido una narrativa que duele y cura al mismo tiempo. Verás pasar ante tus ojos, con una fluidez que asusta, la tensión diplomática que ha marcado el nuevo orden mundial. Ese instante gélido en la Casa Blanca, con un Volodymyr Zelensky sosteniendo la mirada a un Donald Trump abrasivo, se convierte aquí en un loop visual que resume la fragilidad de la política actual mejor que cualquier análisis de mil palabras.
Pero el vídeo no se detiene en los despachos. Salta, sin pedir permiso, a lo trascendental y a lo futurista. El humo blanco que anunció al nuevo Papa se mezcla con el avance imparable – y a veces inquietante – de la robótica y la inteligencia artificial, recordándote que 2025 fue el año en el que la tradición milenaria y la ciencia ficción han convivido en el mismo telediario. Es un montaje denso, cargado de capas, donde cada frame pesa. Cee-Roo logra que sientas el vértigo de la aceleración tecnológica y el peso de la historia en el mismo compás.
Respirar después de la tormenta
Por eso, más allá de los grandes titulares, lo que realmente te eriza la piel es cómo Cee-Roo captura la calle. La verdad de la calle, para ser más exacto. Porque la historia, al final, la escriben los cuerpos en movimiento. El vídeo te lanza de lleno a las manifestaciones y los disturbios que sacudieron el mundo, mostrándote la ira, el fuego y la resistencia social con una crudeza estética que atrapa. No hay juicios en su montaje, solo un espejo. Un reflejo de una sociedad que, ante la incertidumbre, ha decidido salir, gritar y moverse. ¿Te suena?
Al terminar los cuatro minutos, lo que queda es un silencio extraño en la habitación. Esa pausa necesaria para coger aire. Quizás sea porque la obra de Cee-Roo funciona como un exorcismo colectivo que te obliga a mirar de frente todo lo que has vivido (lo bueno, lo malo y lo terrible) para poder cerrarlo. Y si lo haces en compañía, mejor.
Lo importante, al fin y al cabo, es que seguimos aquí. Que, a pesar del ruido y la furia, la música sigue sonando. Y eso, quizás, es todo lo que necesitamos para afrontar este 2026 que estamos estrenando ya…








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