Nelly Furtado cantaba aquello de que las llamas se convierten en cenizas y el amor en amistad. Y aunque me resisto a los tópicos, algo de verdad hay en esa idea de que todo lo bueno tiene un final, ya nos lo dijo el Oráculo. Nuestro ecosistema creativo, por desgracia, no es una excepción. Te cuento esto porque hoy se pone el punto final a un espacio de divulgación y conexión que, durante años, ha sido brújula y refugio para muchos de nosotros. Es viernes. Y los viernes, son (lo seguirán siendo) de Jose María Piera. Te explico por qué…
En este viaje (el mío, el tuyo), te cruzas con muchas mentes inquietas. La mayoría pasan sin más, algunas dejan migas de pan en el camino y otras se desvanecen. Pero pocas, muy pocas, se convierten en voces imprescindibles. En referentes. En maestros a los que miras y escuchas consciente de que lo que dicen, pesa. Tiene valor. Quizás sea por su experiencia, por lo que han visto (y que nosotros no veremos nunca, seamos honestos) o, sencillamente, porque intuyes que sus indicaciones te llevarán por un sendero que merece la pena explorar. Piera forma parte de este último grupo. ¿Selecto? Para mí, sí. Sin duda.
Quince años. Se dice pronto. Durante quince años, Jose María nos ha invitado a cerrar la semana con su «Regalito del Viernes«, un esencial en cientos de buzones de entrada y un santuario en la imprescindible yorokobu. Hoy, ese espacio se ha despedido con la elegancia y la creatividad que siempre ha destilado, usando el Friday I’m in Love de The Cure como última estación del trayecto. No necesita más explicaciones. No necesita más motivos. Es puro contexto.
Sus regalos han elevado nuestra mirada durante infinidad de viernes y ahora somos nosotros los que, desde rincones como phusions (que en alguna ocasión tuvo a bien convertirse en una de sus fuentes), le damos las gracias. Gracias por ese trabajo de curación exquisita, por el tiempo dedicado y por su vocación de servicio a todos los que hemos estado ahí, semana tras semana, aprendiendo a mirar mejor.
El Regalito cierra, pero la esencia permanece. Fins la propera aventura, mestre.

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