El color es, a menudo, un maquillaje excelente para una fotografía mediocre. Pam. Un atardecer naranja o el verde eléctrico de una selva pueden salvar una composición aburrida simplemente porque nuestro cerebro (el tuyo, el mío y el de todos los demás) está programado para reaccionar ante la saturación. Puro color block. Pero cuando le quitas esa capa de pintura a la realidad, cuando eliminas la distracción cromática, la imagen se queda desnuda. Solo queda la luz. Y, con ella, la textura y la forma. Es un examen visual en el que no se puede mentir. Los Exposure One Awards 2025 acaban de presentar a los ganadores de su categoría monocromática y el veredicto es inapelable, el drama real no necesita paleta de colores.
Con la participación masiva de fotógrafos de hasta ochenta y dos países, este certamen se ha convertido en un refugio para la fotografía lenta. Aquí no se premia la espectacularidad fácil de un (perdón) National Geographic sobresaturado, sino la capacidad de esculpir con sombras. Las 25 imágenes seleccionadas funcionan como radiografías del mundo natural, recordándonte que, a veces, para ver la esencia de un animal o de un paisaje, lo mejor que puedes hacer es apagar el color.
Jirafas que parecen edificios y leones hechos de polvo
El primer premio de este año, otorgado a Lidija Novković por su obra «Začudno«, es la demostración perfecta de cómo el ángulo define la narrativa. No vemos una jirafa pastando; vemos una estructura arquitectónica que se eleva hacia un cielo vacío. El contrapicado es tan agresivo que las manchas de la piel dejan de ser un patrón biológico para convertirse en una textura casi abstracta, otorgando al animal una monumentalidad que el color probablemente habría suavizado.

En el segundo escalón del podio, Mark Fernley se (y nos) regala una fotografía magistral, (diría que maravillosa), con «Crowned in Dust and Shadow«, una imagen que parece sacada de un sueño febril o de una película de cine negro. En ella, un león joven atraviesa una nube de polvo que, gracias al blanco y negro, adopta la forma de luz líquida. Así, la escena pierde su referencia temporal y geográfica para convertirse en pura atmósfera. Y cerrando el trío ganador, Thomas Brummett con «The Murmur of a Thousand Suns» nos lleva al terreno de lo experimental, con un bosque creado mediante superposiciones que parece respirar, demostrando que la naturaleza también puede ser una alucinación óptica controlada.


La honestidad brutal de la escala de grises
Pero al final, lo que – de verdad – hace posible que esta colección sea tan potente en lo visual es cómo democratiza a la propia naturaleza. A sus habitantes. A sus rincones… En blanco y negro, la jerarquía visual cambia. La corteza rugosa de un árbol viejo puede tener tanta fuerza como la mirada de un depredador, simplemente porque la luz incide sobre ella de la manera correcta. Estas imágenes te obligan a leer el paisaje prestando atención al ritmo, al contraste y al espacio negativo, elementos que a menudo pasamos por alto cuando nos dejamos seducir por los colores brillantes.
Mirar estas fotos provoca una extraña sensación de alivio, como si alguien hubiera bajado el volumen de la habitación. Estamos tan acostumbrados a que las imágenes nos ataquen con colores saturados y filtros imposibles que se nos ha olvidado el placer de lo simple. Exposure One te devuelve esa calma. Te obliga a dejar de deslizar el dedo por inercia y a detenernos en una textura, en una sombra, en un detalle que, de haber tenido color, seguramente te habrías perdido.
La realidad, cuando le quitas el maquillaje, suele ser mucho más interesante.





Jana Hejzlarova | Under a veil of algae


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