Vale, reconozco que esto empieza a tener un patrón. La semana pasada te expliqué la idea (surrealista o no, tú decides) de la Pickle Puffer, esa chaqueta de KFC rellena de pepinillos con pajita integrada que dividió internet exactamente como tenía que dividirlo. Pero es que hace unos meses, cuando el bolso más crujiente del año pasó por aquí, ya te advertí de que esto no era un accidente. KFC tiene una estrategia. Puede que no la hayan escrito en un PowerPoint con ese nombre (o sí), pero existe (como las meigas). Están llevando sus códigos más reconocibles al territorio de la moda con una convicción que resulta, cuanto menos, admirable. Pero es justo reconocer que, esta vez, lo que han hecho va bastante más allá de un gimmick con valor viral.
La acción de Lola\TBWA, bautizada como Wear Your KFC Crispy Coating, ha transformado su activo más reconocible en puro diseño textil. Para ello, han sustituido la freidora por tela de borreguillo tejida a mano que imita (de aquella manera, ya me entiendes) la textura de sus piezas de pollo. El equipo creativo entendió que el verdadero valor de la marca ya no reside únicamente en el sabor del menú. Reside en un código estético tan potente que te permite aplicar ese acabado hipertexturizado a una cazadora o a un pantalón vaquero y seguir siendo cien por cien reconocible. Bien jugado…
Además, para evitar caer en la trampa del merchandising barato fabricado en serie decidieron llevar la experiencia al terreno de la artesanía exclusiva. Durante sólo tres días abrieron las puertas de uno de sus locales en Brasil para que la gente llevara su propia ropa usada. A partir de ahí el equipo de la diseñadora Amanda Lenzi se encargó de personalizar cada prenda añadiendo retales de este tejido especial. Nada de producción masiva. Solo piezas únicas nacidas de la propia implicación del cliente.
Nadie asocia(ba) de primeras una cadena de comida rápida con la alta costura. Y precisamente por eso estas locuras funcionan tan bien. No intentan venderte moda tradicional, te venden identidad de marca pura y dura. Transforman un elemento sensorial cotidiano en una herramienta de expresión que salta del plato directamente a tu armario. KFC domina el arte de apropiarse de la conversación cultural con un morro espectacular.
Lo dicho, juego, set y partido para ellos.







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