Imagina montar la consulta ciudadana más solemne posible sobre el diseño del dinero que llevas en la cartera, y que a las pocas horas de publicarla ya circule por internet un billete con la cara de Mbappé, otro con un tapón de botella soldado al cuello, y hasta uno con Tintín de protagonista. Eso es exactamente lo que le ha pasado al Banco Central Europeo. Después de veinticuatro años de neutralidad, con puentes anónimos y ventanas vacías, el BCE ha presentado diez propuestas para la nueva serie de billetes y ha decidido, por primera vez, dejar que los ciudadanos voten cuál prefieren. Un ejercicio de participación en el que se enfrentan dos direcciones artísticas completamente distintas, una se centra en figuras culturales como Maria Callas, Beethoven o Cervantes, y la otra sustituye a los humanos por aves y paisajes fluviales. Pero eso no es lo que importa. Cuando abres la puerta a la creatividad latente en las redes sociales puede pasar que tu visión se acabe convirtiendo en un festival de memes que ninguna institución (monetaria o no) había anticipado.
Déjame decirte, antes de seguir, que la votación está abierta hasta el 21 de septiembre. Que cualquier europeo puede participar online, y que el Consejo de Gobierno tomará la decisión definitiva a finales de año combinando ese voto público con una encuesta independiente y la opinión de un jurado de veintiún expertos (ah, ojo…). Detrás de todo esto, hay un concurso de diseño gráfico real al que se presentaron más de 1.200 creativos de los que, solo, 25 llegaron a desarrollar propuestas completas. Es, sobre el papel, uno de los ejercicios de participación ciudadana más ambiciosos que una institución financiera europea ha intentado nunca. Sobre el papel…
¿Participación social o el mejor truco de comunicación del año?
Aquí conviene ser honesto sobre lo que realmente está en juego. El propio BCE reconoce que el término «voto» debe usarse con cautela, porque los participantes no eligen directamente el billete final. Es una consulta, no un referéndum vinculante. Y sin embargo, el simple gesto de preguntar, de poner una interfaz pública para que 370 millones de personas opinen sobre algo que manejan a diario sin mirarlo nunca, ha generado más conversación espontánea sobre la identidad visual del euro que dos décadas de billetes con puentes que no existen en ningún sitio. Puede sonar exagerado. Pero lo cierto es que nadie, antes, había tratado antes el dinero físico como un ejercicio de branding con la seriedad que merece. Poca broma.
«Los billetes de euro son más que un simple medio de pago; son una de las expresiones más tangibles de Europa»
Christine Lagarde
Pero lo que nadie en el BCE se imaginó, o quizás sí (guiño guiño), es que abrir la puerta a la participación también lo hace al descontrol. Burger King y Ryanair (of course) se han sumado a la explosión creativa generando sus propios billetes falsos en cuestión de horas y aprovechando, así, la ola de atención gratuita que genera cualquier noticia institucional viral, sin gastar un euro en producción. Es newsjacking en su forma más pura, colarse en una conversación ajena que ya tiene toda la energía puesta, y quedarse con parte de la audiencia consumiendo cero recursos. Nada que no hayamos visto mil veces. Pero en este contexto en concreto, han encontrado todos los ingredientes necesarios para jugar con las cartas marcadas…
Cuando una institución centenaria juega en el mismo terreno que internet pasan cosas…
Desde un punto de vista de comunicación (que al final, por eso estamos aquí), resulta interesante observar cómo una institución acostumbrada a comunicarse con notas y ruedas de prensa, se expone, de repente, a las mismas reglas que gobiernan cualquier lanzamiento de marca de consumo. El BCE quería un ejercicio serio de identidad europea. Bien. Pero lo que ha conseguido, además, es ponerle cara (literalmente) al funcionamiento de la viralidad en 2026. Cualquier tema que invite a la participación, por árido que parezca a priori, corre el riesgo de acabar siendo secuestrado por la cultura del meme en cuanto toque las redes sociales. Y con las herramientas de inteligencia artificial generativa al alcance de cualquiera, ese secuestro ya no requiere ni destreza técnica. Basta con tener ganas de reírse un rato.
¿Todo esto genera preocupación en el BCE? Lo dudo. En el fondo, es la mejor prueba de que la campaña ha funcionado exactamente como debía. Un ejercicio de identidad europea que consigue que la gente hable, discuta y hasta se burle del diseño de su propio dinero tiene, paradójicamente, más vida que veinticuatro años de puentes correctos y neutros que nadie es capaz de recordar. Quizás la pregunta no sea si prefieres a Beethoven o al Martín Pescador en tu billete de diez. Es si alguna vez, hasta ahora, te habías parado a mirar de verdad qué llevabas dibujado en la cartera.
Algunos de los memes…

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