Sí, no te has equivocado. hoy la cosa es un poco más escatológica de lo normal. Porque, reconócelo, quitar pelos del desagüe es una de esas experiencias humildes que no quieres convertir en una conversación. Y mucho menos en monumento (o algo así). Pero K18 (de Unilever) y Uncommon Creative Studio han decidido coger esa pequeña incomodidad, pegajosa un poco asquerosa, y hacerla rodar por las calles de Nueva York adoptando la forma de bola gigante de pelo humano de unos tres metros de alto. Se llama Tumblehair, no lleva logo a la vista y durante unos días cruzó Midtown, West Village, Chinatown y Seaport como si Manhattan hubiera estornudado una pelusa de tamaño apocalíptico. Maravilloso. Repugnante. Muy difícil de no fotografiar.
Vale, esta es una campaña para promocionar un producto contra la caída del cabella. No hay poesía aquí. Y quizás esa sea la gracia de la campaña. No intenta hablar desde ese tono tristón de farmacia emocional. No hay música suave, espejo empañado ni modelos tocándose la raíz con cara de tragedia. Para lanzar FutureIQ, su nuevo sérum de longevidad capilar, K18 ha materializa una cifra a priori imposible de visualizar, los 167.000 millones de cabellos que, según la marca, pierden los neoyorquinos por caída natural. Y, en vez de traducir el dato en una infografía limpia, lo ha convertido en un bicho urbano. Una estadística con volumen, textura y pinta de haber salido de debajo de una cama en la que nadie pasa la aspiradora desde 2009.
Y eso es lo que me gusta. Porque la campaña no se ríe de la gente que pierde (perdemos) pelo, se ríe del miedo torpe que tenemos a hablar de ello. De pronto, la caída capilar deja de ser un secreto de baño para convertirse en una cosa pública, absurda y compartible (aka instragrameable). Curiosidad en la calle, análisis de cuero cabelludo después, producto al final del recorrido. El túnel está perfectamente armado, pero lo que te queda en la cabeza no es el embudo de conversión. Es esa bola inmensa cruzando Nueva York como una mascota mutante de la ansiedad capilar moderna.
A veces, para desdramatizar un tema, no hace falta suavizarlo. Hace falta hacerlo gigantesco.



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