Si viviste los noventa, seguro que tienes grabado a fuego en la cabeza ese acorde grave y sideral que sonaba cada vez que encendías tu Play (así, sin apellido) para perderte en un mundo mejor de píxeles y bits. Tres décadas después, y prepárate para sentirte viejo y seducido a partes iguales, Sony y LEGO han decidido dinamitar tus ahorros con un nuevo set dedicado a ella, a la mítica PlayStation 1. Se trata de una reproducción exacta a escala uno a uno que prescinde de cables y televisores de tubo, construida con mil novecientas once piezas que clavan desde las esquinas redondeadas del chasis hasta el tacto rugoso de ese mando original que tantas ampollas te dejó en los pulgares (qué duros eran esos botones…).
Pero lo que me gusta más de este artefacto no es solo el fetichismo (si me permites definirlo así) de colocar una especie de reliquia nostálgica en la estantería, sino el mimo mecánico con el que la han diseñado. Me explico, el botón de encendido se hunde de verdad, la tapa circular del lector salta con un chasquido que se parece mucho a aquel que, para ti y para mí, era inconfundible y la ranura frontal te permite conectar el cable del mando construido con ladrillos. Una serie de fabulosas geniales que siguen al levantar la bandeja del disco, donde han escondido dos pequeños dioramas extraíbles dedicados a Gran Turismo y Ape Escape. Dos guiños directos a las tardes enteras que pasabas memorizando trazadas con un coche de tu colección o cazando monos con red, transformados ahora en microesculturas que puedes extraer y lucir junto a la pantalla.
Hay algo muy elocuente en cómo la industria del juguete ha entendido que quienes antes pedían la consola a los Reyes Magos ahora tienen nómina, responsabilidades y ganas de refugiarse en los iconos de su adolescencia. Transformar una máquina que revolucionó los gráficos tridimensionales en un objeto estático de colección que cuesta ciento sesenta euros es una jugada (nunca mejor dicho) maestra que te desarma antes de que puedas ponerte cínico. No te están vendiendo un juguete para pasar el rato en el suelo de la alfombra, sino un billete de vuelta a cuando tu mayor angustia un viernes por la tarde era no quedarte sin bloques libres en la tarjeta de memoria para guardar la partida (¿lo recuerdas?). Una pieza que no necesita encenderse para devolverte el pulso de una época irrepetible.
Bien por LEGO (otra vez).






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