El verano se termina, pero Sammontana todavía tiene una canción sonando…

El verano siempre avisa tarde de que se está terminando. Un día cenas con la ventana abierta y, casi sin darte cuenta, empiezas a buscar algo para ponerte por encima. Septiembre tiene esas pequeñas traiciones. Quizá por eso la campaña Sammontana Senza Fine se ve ahora de una manera distinta a cuando apareció en junio para celebrar los 80 años de la marca (vale, eso se suma a que no la había visto antes y no he querido dejar pasar el verano sin traerla aquí). AUGE Communication escogió Senza fine, la canción que Gino Paoli escribió en 1961 para Ornella Vanoni, y la dejó correr por un verano italiano que parece construido con recuerdos prestados. Las voces van cambiando mientras la melodía pasa de una escena a otra. Un encuentro junto al mar se queda suspendido unos segundos más de lo normal y alguien canta como cantamos cuando conocemos una canción desde siempre, sin pensar demasiado en quién la escribió. Ahí, en ese rincón de la memoria eterna (ya me entiendes), Sammontana encuentra algo bastante más interesante que una tarta con ochenta velas.

Lo curioso es lo poco que parece importarle el calendario a una campaña de aniversario. Ochenta años podrían haber dado para rescatar envases antiguos, desempolvar anuncios o construir una cronología muy orgullosa de sí misma. AUGE prefiere hacer desaparecer las fechas y trabajar con esa extraña capacidad que tienen algunos recuerdos para mezclarse. La canción ayuda muchísimo, lo reconozco. Michele Braga la ha reordenado musicalmente para que sean los propios personajes quienes la hagan avanzar mientras los Weiland Brothers convierten la peli en una sucesión de instantes que podrían pertenecer a veranos muy diferentes. Sammontana lleva más de una década trabajando con AUGE para acercar su identidad a la idea del verano italiano (algo así como Estrella y su Mediterráneamente), y en esta campaña la relación alcanza un punto bastante audaz. El helado casi deja de pedir atención. Está dentro de la escena como están ciertas cosas en tus recuerdos, sin protagonismo aparente, pero extrañamente pegadas a ellos.

Vista ahora, cuando las tardes ya empiezan a encogerse, Un’estate senza fine tiene incluso un poco más de gracia. Porque sabemos perfectamente que el verano termina. Lo sabemos mientras Gino Paoli promete lo contrario y mientras Sammontana insiste en estirar el suyo desde 1946. Y, de algún rincón inesperado, aparece esa nostalgia suave que la campaña maneja sin convertirla en un museo de tiempos mejores. La película dura 67 segundos en su versión completa y acaba, claro. La canción también, como todo lo bueno. Pero durante un instante consigue devolverte esa sensación absurda de que todavía queda muchísimo agosto por delante. Luego miras por la ventana y septiembre sigue haciendo lo suyo…

Supongo que algunos veranos encuentran maneras bastante tramposas de quedarse.


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