Un rostro puede estropearlo todo. No porque no nos guste mirarlo, sino precisamente porque somos demasiado buenos haciéndolo. En cuanto aparece uno delante de ti o de mí, empezamos a rellenar huecos, intuimos una edad, buscamos una emoción y decidimos quién podría ser esa persona antes de concederle unos segundos más. Pero Serhii Fett lleva tiempo saboteando ese automatismo con sus fotografías, en las que el cuerpo sigue ahí, cuidadosamente vestido y ocupando su lugar dentro de la escena, pero la cabeza ha perdido por completo su protagonismo, ya sea porque (directamente) ha desaparecido, o porque ha sido sustituida por algo que no debería estar allí. Y sin embargo, lo está porque este fotógrafo ucraniano, actualmente afincado en Alemania, no busca fabricar un misterio fácil, sólo quiere jugar contigo recordándote que a veces una cara ofrece demasiada información para la imagen que quiere construir. Entonces la quita y, curiosamente, empiezas a fijarte mucho más en quien queda.
Eso cambia bastante las reglas del retrato. Detalles que, probablemente, hubieran pasado desapercibidos, como una mano demasiado rígida, empiezan a importar. También la distancia entre el cuerpo y aquello que lo rodea. Fett no está especialmente interesado en que conozcas al modelo, sino en hacer visible una sensación que no tendría una fotografía evidente. De ahí ese surrealismo suyo tan limpio, en el que lo imposible aparece dentro de escenarios perfectamente reconocibles y nadie parece sorprendido por ello. Hace años que ha ido dejando atrás trabajos más comerciales para concentrarse en construir fotografías conceptuales y su archivo ha ido creciendo sin necesidad de convertirse en series cerradas. Él mismo habla de fotografiar ideas antes que objetos y quizá por eso sus imágenes funcionan mejor cuanto menos intentas resolverlas. Sin la cara, la identidad acaba refugiándose en lugares menos cómodos. Y ahí puedes acabar encontrando algo tuyo, aunque el personaje que tienes delante no tenga ojos con los que devolverte la mirada.
Hay además un detalle del proceso que, en pleno 2026 (y especialmente este fin de semana, con todo lo que ha removido el artículo de Dario Amodei), adquiere inevitablemente otro peso. Estas imágenes, que podrían pasar perfectamente por el resultado de un generador, empiezan delante de una cámara. Fett prepara la escena, trabaja con personas reales y utiliza después Photoshop para terminar de romper la lógica. Nada de IA generativa. Sería bastante hipócrita (por mi parte) convertir eso en una medalla moral, pero la ironía del momento está ahí. Justo cuando discutimos hasta dónde puede llegar una máquina, él sigue necesitando que la creatividad tenga primero un cuerpo delante del objetivo. Incluso aunque después decida borrarle la cara. Quizá ahí resida buena parte de su juego, en quitarte precisamente aquello hacia lo que mirarías primero y dejar el resto de la imagen abierto, incómodo, esperando algo de ti.
Y entonces toca quedarse un rato más.



















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