Esto va así, a Italia puedes llegar con casi todo decidido y marcharte pensando en el otro lado de una ventana. Tiene cierta gracia después del tiempo que has dedicado a organizar el viaje, buscando cómo encajar una visita más antes de que cierre el museo. Y entonces, a unos metros de la acera, una (simple) ventana te deja ver parte de un techo pintado. Apenas un fragmento, cortado por el marco y la perspectiva. Te quedas intentando completar la escena, imaginando cuánto seguirá oculto en una habitación a la que seguramente nunca entrarás, construyendo la narrativa de ese rincón. Hay tantas historias que nunca se cuentan en esas calles, que no puedes evitar quedarte fascinado contemplando la descarada forma de administrar su belleza que guardan los italianos, como si pudieran permitirse dejar algo extraordinario al fondo de una casa y esperar a que alguien pasara por allí casi por accidente.
Esa curiosidad tiene una pequeña casa en Instagram, Soffitti dalle finestre, que puedes traducir como ‘techos desde las ventanas’ (en italiano suena mucho mejor, como casi todo, sí). La cuenta nació en abril de 2023, después de un paseo por Siena. Resulta curioso saber que sus creadoras se habían conocido estudiando ingeniería en Pisa, quizás por eso no miraban el suelo, si no los techos, los mismos que Emanuela, Bianca y Federica empezaron a inmortalizar primero para ellas y que, luego, acabaron convirtiéndose en una colección abierta a otros paseantes, también de fuera de Italia. Y hay mil curiosidades, como esa bola de discoteca que no esperarías encontrarte entre los rincones ornamentados de un palacete. Pero hay está, y me gusta esa convivencia. Te hace pensar en alguien que vive bajo semejante despliegue y ya apenas repara en él cuando pasa camino de la cocina.
Por eso (y si me conoces no te voy a sorprender) lo que más me interesa de estas fotografías es todo lo que dejan sin resolver. La ventana recorta una pintura que ya existía y la convierte en otra imagen, con un trozo de fachada participando en la composición. Desde la calle, el encuadre depende de dónde te detengas y de cuánto permita ver la luz. Las creadoras publican las aportaciones sin indicar su ubicación, de modo que la colección conserva algo de correspondencia entre desconocidos que han visto una cosa preciosa y necesitan compartirla. En una red en la que tantas imágenes de viaje vienen acompañadas de instrucciones para repetirlas, se agradece ese margen. Te quedas con la fotografía y con la sospecha de que, en tu último viaje a Italia, quizá pasaste justo debajo de algo así.















Deja un comentario