Ocho años han pasado desde la última vez que le dediqué, aquí en phusions, uno de estos homenajes fotográficos a los perros. Entonces era el concurso del Kennel Club el que me tenía entretenido, ahora son los Dog Photography Awards 2026 los que me devuelven las ganas de compartir contigo unas cuantas miradas difíciles de esquivar. Ya tocaba volver, sí, lo sé. Esta edición reúne 18 imágenes premiadas, elegidas entre 1.900 candidaturas (tela) de 50 países, y te permitirá pasar un buen rato entre animales a los que la cámara les encuentra bastante más que un perfil favorecedor. Porque fotografiar a un perro tiene esa gracia, puedes preparar la composición con toda la solemnidad del mundo y depender de alguien cuya prioridad quizá sea la pelota. A veces, precisamente por eso, sale un fotón.
Katie Brockman conoció a Caldwell cuando paseaba perros como voluntaria en un refugio. Él llevaba una historia difícil a cuestas y seguía sin encontrar a nadie que lo adoptara. Ella empezó a sacarlo cada fin de semana, aunque llevarlo a casa era otra cuestión, porque encontrar un alquiler que aceptara a un perro bully resultaba casi imposible. Acabó comprando una vivienda para poder adoptarlo. Así, tal cual. Después de conocer ese recorrido, Loved and Hated, el retrato con el que ha ganado el gran premio, adquiere una cercanía distinta. Los titulares reales que rodean a Caldwell hablan de unos prejuicios que Katie había encontrado mucho antes de preparar la sesión, la corona de papel la hizo ella, igual que es suya la mano que le sostiene el mentón. Esa fotografía empezó a tomar forma bastante antes de que encendiera las luces del estudio, durante aquellos paseos en los que fue haciéndole sitio en su vida. No son sólo fotografías de perros, ya me entiendes…
Porque, por ejemplo, la espera que Caldwell dejó atrás sigue presente en Waiting, la fotografía de Tianhang Zhang premiada en Documental, con perros tras las rejas de un refugio pendientes de una adopción. Ese diálogo entre imágenes le da al conjunto algo que permanece más allá del entusiasmo por sus protagonistas. Cambia mucho lo que sientes ante un perro según lo que llegas a saber de él, y también cambia tu manera de mirar la fotografía. Entras dispuesto a rendirte ante unas cuantas miradas irresistibles y acabas fijándote en las decisiones de quienes las retratan, en cómo consiguen acercarte a un animal al que no has conocido. Tiene mérito encontrar una imagen propia en un tema tan querido y tan retratado.
Ellos, por supuesto, seguirán teniendo otras preocupaciones. Lo del premio está bien, pero la pelota dónde está.












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