Los huevos cuentan bastante bien lo que le ha pasado al 2CV. Sí, no me he vuelto loco, déjame que te lo explique. En el modelo original, esos huevos servían para poner a prueba la suspensión, que debía permitir transportarlos por caminos irregulares sin romperlos. En el prototipo eléctrico presentado en el Salón de París de 2026 tienen un alojamiento en las puertas, algo así como un guiño simpático, un homenaje a aquella historia. Entre una cosa y otra cabe casi toda la discusión sobre este regreso. Una necesidad terminó construyendo una leyenda y ahora la leyenda empieza a dictar los accesorios. Citroën recupera su silueta con un entusiasmo que se contagia, aunque por momentos parezca incapaz de dejar un recuerdo fuera. La tortuga y el conejo de los pedales añaden otra pequeña ocurrencia a un coche que ya habías reconocido bastante antes pero que, quizás, se pasa de frenada y acaba alejándose de la sencillez que hizo especial al que ya es leyenda.
Debajo de esa decoración, sin embargo, el nuevo Citroën 2CV eléctrico plantea decisiones que merecen más atención que sus guiños. Sus 3,76 metros y el objetivo de rondar una tonelada apuntan a un coche contenido, cuya ligereza debería permitir reducir el tamaño y el coste de la batería. Los parachoques independientes también tienen sentido cuando llega una reparación, un momento bastante menos fotogénico que la presentación en un salón, pero mucho más cercano a tu bolsillo. Y el asiento extraíble prolonga una libertad que ya aparecía en el ELO desarrollado con Decathlon, aquel coche con alma de navaja suiza que estaba diseñado para todo (o casi todo). Sacar una parte del habitáculo para sentarte fuera sigue siendo una buena idea aunque nadie recuerde de dónde viene. La cosa es que, en realidad, me convence esa continuidad entre proyectos, más como una forma de entender para qué usas el coche, que la obligación de reconocer un homenaje en cada rincón.
El Salón de París, además, siempre tiene un rincón especial para esa tendencia moderna de rebuscar el pasado buscando sitio en el futuro eléctrico. Lo vimos con los Renault. Con este Citroën. Y también con el Peugeot E-T16 Concept, que recuepra la memoria del 205 T16 campeón de rallies. Basta ponerlos juntos (con el 2cv) para entender cuánto puede rendir un archivo bien conocido. Uno apela a las ganas de correr; el otro, a una vida menos complicada. Son promesas muy distintas, aunque ambas aprovechen un afecto construido hace décadas para acercarte a algo nuevo. En el caso del Citroën, la prueba llegará con el modelo previsto para 2028 y su objetivo de partir de unos 15.000 euros, todavía una intención comercial. Queda por ver cuánto de este prototipo sobrevivirá a la producción y qué autonomía ofrecerá. Yo le perdonaría encantado perder unos cuantos adornos si consigue mantener ese precio y la facilidad de reparación.
Sería una manera bastante honesta de parecerse al antiguo sin tener que recordártelo cada vez que pisas el acelerador.






















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