Lucas Etcheverry ha tardado tres años en recordarte todo lo que cabe en unos cuantos píxeles…

El pixel art puede caer fácilmente en la comodidad del homenaje, confiando en que reconozcas la estética de una consola antigua y pongas tú la emoción que falta. Pero Line trabaja bastante más esa relación contigo. Lucas Etcheverry utiliza una resolución de 384 por 216 píxeles para construir un corto de cuatro minutos y medio cuya ambición visual desborda enseguida el guiño retro. Los cielos de color coral contrastan con la precisión del vehículo mientras los primeros planos permiten acercarse al piloto sin perder la contundencia gráfica del conjunto. La imagen está reducida, sí, pero las decisiones que contiene, en absoluto. Esa economía obliga a elegir con muchísimo cuidado qué merece aparecer y cómo debe moverse, un ejercicio de dirección que devuelve al detalle su verdadero valor. Después de tantas miradas a formas creativas con resoluciones extremas, apetece encontrarse con alguien tan ocupado en decidir qué hacer con muy poca definición.

La historia, por cierto, gira alrededor de un intento de récord de velocidad en el desierto sudafricano, con un piloto que regresa al Bloodhound después de un accidente. Etcheverry combina referencias de Andy Green y Niki Lauda para construir al personaje, acercando la ingeniería de una máquina real a una trayectoria humana que pesa sobre cada nueva tentativa. Lo curioso (y lo que me llama más la atención, honestamente) es cómo esa información pasa a la imagen. El recuerdo del accidente se presenta en blanco y negro, el presente recupera el color, y las interfaces permiten representar acciones que serían difíciles de contar desde fuera del habitáculo (hay cositas de Kill Bill). La familiaridad del videojuego se convierte así en una herramienta cinematográfica, capaz de organizar el tiempo y explicar lo que ocurre sin detener la película para darte instrucciones. Y es que el píxel también puede transmitir vulnerabilidad, aunque durante años te hayas acostumbrado a verlo pendiente de la puntuación.

El proceso de producción termina de darle otra dimensión al proyecto. Etcheverry empezó su primer corto animado durante la pandemia y dedicó tres años a desarrollarlo, con ayuda de Quimey Stordeur en las escenas de 3D. Nicolás Maksimiuk, responsable del diseño sonoro desde NMX Audio, cuenta que Lucas estaba exhausto cuando le enseñó el trabajo y quería cerrar aquella etapa. La colaboración abrió nuevas posibilidades para terminar de construir la película. Ese recorrido permite apreciar la cantidad de trabajo que una estética aparentemente sencilla puede mantener fuera de la vista. La nostalgia facilita que te acerques, pero sostener tu atención exige una puesta en escena que funcione por sí misma. Line tiene las personalidad necesaria para lograrlo y más, por eso evita quedarse convertido en una bonita captura de un juego que nunca existió.

Tu cariño por aquellos gráficos está presente, pero cuando te llevan a otra parte, la historia cambia, ¿verdad?

Ilustración en escala de grises de una nube de humo en forma de pirámide con rayos que se extienden hacia el extremo superior.
Primer plano de un rostro con expresión sorprendida y ojos grandes, en un estilo de arte pixelado en blanco y negro.
Un cohete volando hacia el cielo con una explosión visible detrás, en un estilo pixelado en blanco y negro.
Un astronauta con traje naranja y azul se sienta en la cabina de una nave espacial, con un fondo de cielo rosado y nubes.
Una representación pixelada de un vehículo de carreras de alta velocidad en un desierto, rodeado de técnicos que trabajan en él. Se observa un remolque de combustible y una bandera de viento en el fondo.
Panel de control con interruptores y diales, una mano con un guante naranja ajustando un dial en la parte superior.
Una escena pixelada de un desierto con un cielo anaranjado y nubes, donde se ve un vehículo en el centro de la imagen.
Un vehículo de carreras rojo deslizando sobre una superficie arenosa, dejando una estela de humo detrás.
Un vehículo espacial rojo con detalles en blanco, en un paisaje desértico bajo un cielo atardecido con tonalidades naranjas y moradas.
Retrato de un piloto con casco naranja y azul, mirando hacia la derecha, en un entorno de cabina de carrera.
Una mano con guante naranja manipulando los interruptores de un panel de control con varias luces y palancas.
Close-up de un motor de un avión rojo con un fondo de atardecer en tonos cálidos.
Un piloto con casco rojo y azul, sosteniendo el volante, dentro de un vehículo de carreras.
Una casa amarilla con ventanas rotas, una persona asomada en el balcón mientras objetos vuelan por el aire, contra un cielo rojizo.
Una nave futurista de color naranja en un paisaje desértico con un cielo anaranjado y nubes. La nave parece estar parada en la arena con un fondo de puesta de sol.


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