Los que jugamos en tierra batida sabemos que esa arena rojiza acaba formando parte de ti (y de las alfombrillas de tu coche, por mucho que golpees las suelas con el marco de la raqueta tras salir de la pista). Quizás por esa debilidad personal me tiran tanto las historias que convierten el polvo de ladrillo en un pretexto creativo, como ya te expliqué con aquella chaqueta Lacoste de Nole, o la Copa de los Mosqueteros recreada en arcilla. La última en sumarse a esta obsesión ha sido Kia, que acaba de plantar (ya me entiendes) en la academia de Manacor su impresionante EV4 GT de tierra batida, una escultura a tamaño real creada para celebrar la carrera de Rafael Nadal sin recurrir a un solo centímetro de chapa metálica o a cable alguno.
La idea detrás de este King of Clay es de esas que te hacen sonreír por lo bien tirada que está la conexión. En los centros de diseño de vehículos llevan toda la vida utilizando arcilla industrial para esculpir a mano los volúmenes de un coche y ver cómo se comporta su aerodinámica antes de fabricarlo. Lo que han hecho aquí ha sido mezclar esa misma pasta de modelado con la tierra real de las pistas en las que Rafa levantó sus 63 títulos sobre esta superficie (con sus catorce Roland Garros a la cabeza y la barbaridad de cincuenta sets ganados del tirón). Para rematar el cruce entre los dos oficios, han utilizado las clásicas cintas blancas con las que los diseñadores marcan las líneas de tensión del vehículo para acabar de darle forma al lienzo en el que han convertido el coche. Sencillo, sí, pero sobre todo ejecutado con muchísimo gusto.
De todas formas, y más allá del hallazgo estético, la pieza celebra una anomalía que cuesta muchísimo encontrar hoy en el marketing deportivo, una lealtad de más de veinte años. Cuando Kia España apostó en 2004 por aquel chaval de melena alborotada que todavía jugaba con camiseta sin mangas, nadie tenía una bola de cristal para garantizar en qué se iba a convertir. Después de dos décadas caminando juntos, lo fácil habría sido despachar el aniversario sacando una edición especial en los concesionarios con cuatro adhesivos conmemorativos para hacer caja rápida. Regalarle un coche que jamás va a rodar por el asfalto, moldeado literalmente con la superficie sobre la que construyó su leyenda, demuestra que los mejores homenajes llegan cuando una marca deja de mirar el Excel por un día y se centra en contar una buena historia.





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