Llámalo surrealismo, llámalo melancolía o llámalo como quieras. Tú mandas, o igual no. Y es que Inka y Niclas Lindergård son una pareja de artistas (sueco-finlandesa) que han trascendido su propia mirada fotográfica hasta explorar su relación con la percepción de otras realidades y crear universos paralelos. Pura utopía. Una combinación que le devuelve a la naturaleza su protagonismo olvidado y te invita a contemplar lo que estás viendo con otros ojos. Puede, incluso, que te resulte inquietante, que te remueva en algún sentido, que haga que te preguntes qué es real en esta era digital. Y eso no es poco.
El trabajo de los Lindergård es, de alguna forma, «una crítica y una celebración del medio fotográfico y de su papel en la construcción de nuestra visión de la naturaleza«, dicen. Y, en «Family Portraits«, Inka y Niclas y sus dos hijos se hacen selfies en lugares pintorescos vestidos con trajes reflectantes que les hacen brillar y ocultan sus rostros y sus cuerpos a la cámara. Es un interesante ejercicio sobre la relación entre viajar y fotografiar. Inmortalizar nuestra presencia en un rincón del mundo, y luego en otro, y otro. Obviando lo que nos rodea. Afirmando por encima de todo nuestra propia existencia más allá de nuestro entorno.
¿Crítica? Seguro. Y Surrealista, kitsch, bella… puedes describir de muchas formas su obra, lo que es seguro es que no te dejarán indiferente.
¿Viajas?
















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