¿Te has detenido alguna vez a pensar cómo construimos nuestros recuerdos? Cómo las imágenes, los fragmentos de realidad y las sensaciones se entrelazan en nuestra mente hasta formar lo que somos. Beppe Conti juega precisamente con esa idea en sus – fabulosos – collages digitales, explorando la memoria, la identidad y la relación entre lo humano y lo orgánico con una estética tan hipnótica como reconocible.
En Phusions ya te hablé de él en 2022, cuando su trabajo ilustró Shame in Medicine: The Lost Forest, un proyecto documental sobre la vulnerabilidad en la cultura médica. Entonces, sus collages sirvieron como guía visual para una historia sobre emociones profundas. Hoy, su universo sigue expandiéndose, pero su esencia permanece intacta. O incluso se hace más intensa. Cala más.
Y es que Conti no hace collages en el sentido clásico. Sus composiciones no parecen recortes, sino fragmentos de pensamientos ensamblados con una precisión quirúrgica. Figuras humanas que se desvanecen en texturas abstractas, elementos de la naturaleza que se funden con cuerpos como si fueran recuerdos de otro tiempo. A pesar de ser digitales, sus obras tienen un aire analógico, como si estuvieran sacadas de un viejo álbum de imágenes imposibles.
Desde la última vez que hablamos de él hasta hoy, su trabajo ha seguido evolucionando, explorando ese delicado equilibrio entre lo real y lo imaginado. Si te gustan los collages que se quedan contigo mucho después de haberlos visto, es probable que el universo de Conti se convierta en uno de tus imprescindibles.
A mí me ha pasado.
















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