Hay imágenes que no sabes si las estás viendo o recordando. Como si hubieran vivido contigo sin que te dieras cuenta. ¿Te suena esa sensación? Los collages de Roger Mattos tienen justo esa textura: la del recuerdo inventado, la del universo como refugio emocional, la de un trozo de papel que parece arrancado de un sueño. No sabes por qué, pero te toca. Y lo hace suave.
Desde São Paulo, aunque nacido en Brasilia, Roger ha ido construyendo – con el tiempo y su talento – un lenguaje propio que mezcla la estética vintage, la ciencia ficción y una paleta de colores apagados que parecen susurrar más que gritar. Su proyecto Linear Collages nació en un momento difícil (que no necesita más explicación), cuando entendió que crear no era una opción, sino un camino. Una forma de volver a empezar.
Y eso se nota. En cada pieza hay algo de tránsito, algo de viaje interior. Una figura recortada que flota en el espacio, un paisaje que parece imaginado por alguien que ya no está, un horizonte que se pliega sobre sí mismo. Sus obras no buscan explicarse. Tampoco te piden nada. Solo están ahí, para acompañarte un rato en silencio. Oh.
Quizás por todo esto, me gusta pensar que el arte de Mattos es como una carta escrita en voz baja, sin destinatario fijo. Una carta que habla de galaxias interiores, de los vínculos entre memoria y futuro, de lo que queda cuando todo cambia. Y eso, en estos tiempos de ruido, se agradece. Mucho.
Si te dejas llevar, puede que descubras algo de ti en sus composiciones. Algo que habías olvidado. O algo que aún no habías visto.

























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