Primero es el silencio. Luego, la respiración. El momento antes del saque —ese que no se ve en las repeticiones— se convierte en el escenario real de este anuncio. Porque en esta pieza que caliente el inminente arranque de una nueva edición del torneo por excelencia en hierba, Wimbledon, no estás viendo tenis, va mucho más allá. Te invitan (nos invitan) a entrar en una mente que duda, que tiembla, que se exige. Y que aún así, juega. Juega y se supera. Se supera y gana.
“There is only one Wimbledon”, dirigida por Folkert Verdoorn y concebida por VCCP, es un viaje introspectivo que convierte el césped en un espejo que te atrapa y te libera a partes iguales. Esta vez no va (o no necesariamente) de golpes ganadores ni de épicas al uso. Entras en un viaje repleto de vértigo y de obsesión. Hay dudas, presión, y ese tipo de soledad que solo se siente cuando todo el mundo está mirando.
Más que un torneo, una batalla interior
Esta vez Wimbledon no celebra la victoria. Celebra el coraje de enfrentarse al miedo sin dejar de avanzar. En esta pieza, cada imagen es metáfora (y si juegas a tenis lo sentirás en la piel). Esa red enorme, que son tus propias barreras mentales, el bote de la pelota como pulsación interna, la raqueta en llamas, ardiendo en tu mano (casi la puedo sentir), o el plano secuencia como diálogo silencioso con uno mismo. Carlos Alcaraz, Alfie Hewett y Barbora Krejcikova no narran un torneo, confiesan lo que este provoca.
Y eso, lo que provoca, es justo lo que convierte a esta campaña en algo memorable. Porque no necesitas ser tenista para entenderlo. Basta con haber sentido alguna vez la presión de estar a la altura, de no decepcionar, de superar ese “no puedo” que se instala dentro. ¿Te suena? Sé que sí. Por eso, esta campaña no solo emociona, te transforma. Se cuela bajo la piel. Te pone frente al espejo y te recuerda que, al final, no competimos contra otros, sino contra lo que creemos de nosotros mismos. Buah.
Una estética que te sorprende. Que te remueve. Que se queda
Justo acabamos de disfrutar de Roland Garros. Y, quizás por eso, el choque (a muchos niveles) con esta campaña es una absoluta delicia. Porque aquí, Wimbledon te invita a degustar (no se puede definir mejor) un despliegue visual que está medido como un ritual. No hay épica impostada. Hay peso. Hay atmósfera. Hay una banda sonora que te enchufa. Y hay un storytelling que convierte Wimbledon en mucho más que un evento deportivo, en símbolo. De exigencia, de perfección, de fragilidad. De esa belleza que aparece justo cuando no puedes permitirte dudar, pero dudas igual.
Porque sí, “There is only one Wimbledon”. Pero hay mil formas de vivirlo. Y esta, sin duda, es la más profunda. Me encanta.






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