Le he estado dando vueltas a qué explicarte de este camaña (fabulosa campaña y fantástica iniciativa) de JCDecaux. «Still Open». Pero no estoy seguro de que nada de lo que diga esté a la altura. El título es una maravillosa declaración de intenciones, la ejecución, un brutal ejercicio de verdad, de cercanía, de storytelling, del que se te clava y te recorre por dentro: Del que se queda. Igual que se quedaron con nosotros, en tu memoria y en la mía, aquellos barros. Aquellos lodos.
Vuelvo. Te decía que le he estado dando vueltas a cómo explicarte esta campaña. Lo voy a intentar. Te diré que esto no va de apoyar, va de sentir. De lo que te hacen sentir. De lo que acabas sintiendo. De lo que ves. De lo que vieron. De lo que hicimos y de lo que podemos seguir haciendo. De un detalle, de un —puñetero— gesto que igual no cuesta demasiado pero cambia la vida. Muchas vidas. JCDecaux te (y me) lo recuerda. Y lo hace devolviéndole el foco a los auténticos protagonistas de estas historias. Los que lo perdieron todo. Los que luchan por volver a empezar.
Un storytelling que reconstruye
Volver a empezar. Desde un rincón que todos reconocemos y que nos habla con una sinceridad que (y perdona que lo diga así) te cruje. Te duele. Sin actores. Sin testimonios falsos. Con la verdad por delante. No es una acción llamativa porque sí. Es una acción que llama (que es diferente). Que te implica sin gritar. Que convierte el soporte en soporte, literal. Que no publicita. Sostiene. Da voz.
Porque (sí) en cada cartel hay un comercio. Pero también hay una familia. Un intento. Una —desesperada— posibilidad. Lo que hace Still Open no es contar una catástrofe, es documentar el después. Ese del que nos hemos ido olvidando poco a poco. El que duele más porque se sufre en un rincón que se acerca mucho al olvido. Y lo hace desde la cercanía, desde una creatividad que no embellece, honra.
La marquesina como espejo de lo invisible…
Y déjame decirte que esto no va de premios (aunque los tenga). Va de propósito. De uso del espacio. De entender que una marquesina también puede ser comunidad, un lugar desde el cual conectar con muchas de esas personas ajetreadas que recorren los pasillos del metro de Madrid y que hoy, tal vez, hayan recordado que siguen formando parte de esta historia. De la de ellos. Ellas. Todos.
Storytelling. Storytelling del que se clava, te decía. Del que emociona sin manipular. Del que no busca brillar, sino tocar. Pues eso, tan bueno es que JCDecaux no ha montado una campaña. Ha construido una red de empatía.
Casi nada.





Deja un comentario