Imagina un cuadro donde todo respira incomodidad. Personajes infantiles, pero no completamente humanos, miran hacia un cielo que amenaza. El color existe, sí, pero las cosas que importan están veladas. Ese es el universo de Lee Gihun, un pintor surcoreano nacido en 1980, criado en la contradicción de vivir entre parques nacionales y espacios brutalmente industriales. Su obra nace de eso, de haber visto cómo el mundo se reescribe cada cinco minutos, de observar lo que cambia sin pedirle permiso a nadie. Y, luego, pintarlo. No como denuncia. Como pregunta.
Sus personajes, habitantes de paisajes desolados, no quieren decirte qué está mal. Quieren que tú lo veas. Que veas a través de sus ojos velados (literalmente, sus caras ocultas bajo máscaras) cómo la lógica de Occidente, ese binarismo que separa el espíritu de la materia, tiene consecuencias. Pero no te confundas, Lee Gihun no es un pintor que se queja. Es un pintor que construye mundos donde la crisis climática y la fragilidad de la vida conviven con algo casi tierno. Casi. Pero no del todo.
El fantasma del futuro en acuarelas densas
Lo fascinante de sus creaciones es que no juegan con la nostalgia fácil. No pinta un pasado mejor. Pinta el presente desde la perspectiva de quienes vendrán después, Es algo así como un acto consciente de prepararse para el fin, o de intentar salvar lo salvable. Por eso, sus cuadros son densos y texturados, construidos con acrílico y óleos sobre tela, pero también con materials reciclados, restos de papel tapiz de seda de casas coreanas, lápices y pinceles viejos, trazos de una vida anterior.
Y eso, la verdad, importa. Importa porque sus composiciones no son limpias, son estratificadas, complicadas, como si cada recuerdo compartiera espacio con cada verdad incómoda. Los cielos son ominosos, bloqueados por nubes que podrían ser contaminación o la amenaza de una tormenta, y no sabes cuál es peor. Los personajes pequeños (quizá es su forma de decirte que todos somos más pequeños de lo que estamos dispuestos a reconocer) están ahí, mirando, esperando algo que no saben si llegará.
Donde la esperanza y el miedo ocupan el mismo lienzo
Lee Gihun ha expuesto en Galleri Christoffer Egelund en Copenhague, en Dorothy Circus Gallery en Roma, donde presentó «Masquerade Pietà«, un trabajo que reinterpreta la iconografía religiosa para hablar del ahora, y sus obras viajan porque tocan algo que es difícil de nombrar. No es pesimismo. Es realismo con capas emocionales. Es entender que los niños que vamos a dejar atrás no heredarán un mundo mejor, pero quizá hereden nuestra capacidad de mirar de frente.
Por eso (lo reconozco), lo que queda después de ver su trabajo es incómodo, sí. Pero también es humano. Porque – ¿acaso no es así? – la verdadera belleza a menudo vive en el sitio donde el miedo y la esperanza no pueden decidir cuál de los dos domina el lienzo.

















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