Algunos sonidos disparan la serotonina de forma automática. Te hablo, por ejemplo, del crack metálico de una anilla al levantarse, el siseo del gas escapando y el burbujeo sobre el hielo. Pura efervescencia que, seguro, te lleva a rincones de tu vida a los que te apetece volver. ¿Y si te digo que esa sensación, ahora, se puede aplicar directamente sobre la piel? No, no es una locura más de esas que aparecen a menudo por aquí. Es lo que ha logrado la marca brasileña Bruna Tavares al aliarse con – of course – Coca- Cola (que sigue innovando en su relación con otras marcas y formatos). Lejos del merchandising perezoso que se limita a estampar un logo rojo sobre un neceser genérico (por decir algo), esta colección es un ejercicio de traducción sensorial brillante. Con «Refresh Yourself«, la belleza deja de ser una rutina estática para convertirse en un sorbo de cultura pop helada.
Me parece una locura (desde el punto de vista de la idea, I mean) cómo han hackeado la iconografía del refresco más famoso del mundo para convertirla en objetos de deseo con alma de charmcore. El diseño aquí es puramente táctil, el blush en barra replica la silueta de la lata clásica, mientras que los glosses y bálsamos juegan con texturas en relieve que simulan la condensación de una botella recién sacada de la nevera. Es – algo así como – un trampantojo cosmético irresistible. Incluso la máscara de pestañas abandona el negro riguroso para abrazar el marrón cola, y las paletas metálicas recuerdan a esas ediciones limitadas que solíamos coleccionar en las estanterías, solo que ahora reclaman su sitio en el tocador.
Pero la nostalgia visual no se sostiene sin una buena narrativa en la fórmula. Los tonos viajan por la paleta cromática del refresco (del caramelo al cereza, pasando por ese marrón profundo, aka Classic Brown, tan característico), integrando ingredientes que hacen que el maquillaje se sienta cómodo, casi refrescante. Es la primera vez que Coca-Cola permite una incursión tan profunda y completa en la industria beauty, y lo hace entendiendo que maquillarse es, al fin y al cabo, un ritual de reconexión personal tan placentero como ese primer trago en un día de calor.
Esta colaboración nos devuelve al maravilloso territorio de los cruces inesperados en el diseño. Bruna Tavares ha conseguido encapsular la chispa de la vida en un tubo de pintalabios, y te deja claro que los iconos globales pueden (y deben) reinventarse para seguir siendo relevantes. Por eso, si alguna vez pensaste que una Coca-Cola no podía llevarse puesta, prepárate para cambiar de opinión, porque pocas veces un producto de belleza ha sido tan literalmente refrescante.













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