¿Tú, en el Mundial, con qué equipo vas? Sí, lo sé, esta es una de esas preguntas que suele tener una respuesta bastante aburrida (lo siento) y geográfica (también), una respuesta que va casi siempre ligada a una bandera, a un patrocinador multimillonario o a la devoción por alguna estrella hiperpagada que corre y regatea sobre el césped. Pero la propuesta que acaba de lanzar la WWF con la campaña Team Forest, junto a la productora Studio Birthplace, te obligará a elegir bando de una manera mucho más consciente (y con un punto rebelde). Para ello, se han llevado el balón a lo profundo de la selva tropical de Indonesia y te ponen ante un mensaje que no te dejará indiferente, si el futbol nos pertenece a todos, los bosques también.
Y esto empieza con un cortocircuito visual que es un auténtico festival visual. Olvídate de los tópicos habituales de la publicidad ecologista. Aquí hay ritmo, sudor y una energía contagiosa que celebra la naturaleza como el primer y más grande parque de atracciones de la humanidad. El bosque deja de ser un decorado lejano y protegido para convertirse en una estructura viva, una red vertical de troncos y ramas donde dar patadas a una pelota se transforma en una experiencia colectiva espectacular.
Una coreografía ingrávida que mezcla el anime con las artes marciales
Ver a los protagonistas correr por los troncos y deslizarse por la copa de los árboles a cincuenta metros del suelo despierta (si más no, en mí) una nostalgia cinematográfica muy concreta. El despliegue de la cinta tiene tanto de la ingravidez mítica de Tigre y Dragón como de la maravillosa exageración de Capitán Tsubasa, donde un pase al hueco requería (ya lo sabes) saltar tres metros sobre el cielo, suspender el tiempo y desafiar cualquier ley de la física. Esta mezcla de técnicas futbolísticas y Qinggong transforma el partido en un show de dibujos animados hecho realidad, una celebración de la agilidad humana que te arranca una sonrisa – cómplice, ya me entiendes – desde el primer segundo.
Pero lo mejor de todo es que este festival de acrobacias imposibles no se ha cocinado de forma perezosa dentro de un ordenador mediante prompts. El equipo de rodaje ha montado un andamiaje tremendo sobre la vegetación para proteger el entorno y ha grabado cada salto con cables y atletas reales en mitad de la selva indonesia. Esta defensa del esfuerzo físico y de la verdad de los cuerpos trepando por la madera aporta una vibración humana que se contagia al otro lado de la pantalla, una maniobra brutal para enganchar al espectador a un tema tan serio como la deforestación a través del puro asombro y de las ganas de pasarlo bien.
El regreso al asombro colectivo para ganar el partido antes del pitido final
Esta forma de comunicar marca un camino tan interesante como necesario en el activismo contemporáneo. Quizás (sólo quizás) empezamos a estar saturados de discursos punitivos y de advertencias catastróficas. WWF demuestra que hay otros lenguajes universales, como el del deporte, que cuando se mezclan con la creatividad, el juego y la fantasía pop, son el mejor puente para construir una comunidad real. Además, su plataforma digital, que permite a cualquiera unirse a esta hinchada global creando un avatar propio, transforma la defensa del planeta en una fiesta de apoyo colectivo donde todos sumamos.
Vestirse con la camiseta del bosque no tiene que ser un acto de nostalgia barata por un paraíso perdido, sino una reivindicación ruidosa del espacio que nos sostiene. Al convertir la selva en algo así como un estadio definitivo te (nos) recuerda que cuidar este ecosistema no es una obligación aburrida, sino tu billete para seguir jugando la partida. Por eso, la adrenalina de ese balón volando entre las lianas se te queda grabada en la retina mucho después de cerrar el vídeo. Te entran unas ganas locas de salir corriendo a la calle, mirar hacia arriba y buscar un buen árbol para empezar a trepar.
Dale, Oliver…










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