Construir con ladrillos para dejarlos expuestos en una vitrina está bien, pero diseñar algo con lo que puedas echar una partida de verdad es otra historia. LEGO lleva un tiempo explorando esa frontera entre el coleccionismo nostálgico y el juego real, recreando consolas y muebles arcade que pedían a gritos ser tocados. Con el pinball mecánico de LEGO Icons, la marca danesa da un paso más allá y se olvida de la simulación estética para construir una máquina recreativa totalmente operativa, en la que más de dos mil piezas de plástico se ponen al servicio de una bola que rebota a toda velocidad. A tu servicio. ¿Juegas?
Porque el encanto del invento (por decirlo así, ya me entiendes) reside en su renuncia voluntaria a cualquier tipo de circuito o pantalla digital. No hay luces led programadas ni motores escondidos, todo el tablero responde a la física pura de engranajes, gomas elásticas, rampas y un lanzador accionado por un muelle manual. Con una estética que rinde tributo al universo Space Cadet (honor y memoria para las horas infinitas de partidas con el viejo Windows 95) de los años noventa, el reto consiste en golpear un asteroide para reunir a dos astronautas mientras las aletas mecánicas y los topes giratorios devuelven el impacto con una precisión impecable. Si te suena, es que eres de los míos…
Y es que, ante tanta sobredosis de pantallas táctiles, reencontrarse con un mecanismo que solo depende de la gravedad y de la rapidez de tus dedos resulta profundamente refrescante. Escuchar el chasquido seco del plástico y ver cómo la esfera sortea los obstáculos sobre la mesa del salón tiene (y tenía, ¿recuerdas?) algo de placer casi terapéutico. Por eso, este set llega para convertirse en el centro de cualquier reunión de amigos, y demuestra que la diversión más auténtica sigue naciendo del simple choque entre la física y el movimiento.
Aunque solo dure unos instantes y luego vuelvas al reel.







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