Una Torre Eiffel partida en dos y clavada en el polvo de Nevada parece el tipo de imagen que internet inventaría cinco minutos antes de aburrirse de ella. Podría ser una locura. Una fantasía. O un sentido del show desmedido. Lo que tú quieras, pero está ahí. Eiffela Broken Dream se extiende unos 30 metros sobre Black Rock City, con una de sus mitades hundida en la playa como si París hubiese calculado bastante mal el aterrizaje. Tampoco resulta sencillo llamar la atención allí. Burning Man se celebra este año entre el 31 de agosto y el 7 de septiembre y reúne más de 350 obras registradas, a las que todavía se suman piezas que llegan al desierto sin anunciarse. Entre semejante museo sin paredes, Philippe Maindron ha conseguido que una silueta conocida hasta el aburrimiento vuelva a obligarte a mirar. Su método tampoco ha sido especialmente delicado. La ha partido por la mitad.
La fractura salva la pieza de acabar convertida en un souvenir gigantesco. Maindron deja el cuerpo hundiéndose en la arena como rastro de una civilización que se viene abajo, mientras la base y la punta todavía apunta hacia el cielo. Entre ambas ha tendido un cable por el que un funambulista atraviesa el vacío (busca tú mismo la metáfora). Todo ello para darle forma a una imagen que tiene algo bastante más poderoso que cualquier narrativa de esas que nos empeñamos en inventar. La Torre Eiffel lleva más de un siglo posando correctamente para millones de cámaras. En Burning Man, por fin, pierde la compostura. Se dobla, cae y permite que alguien camine por encima de la herida. La postal se ha estropeado. Mucho mejor así.
Fuera de la fotografía queda la parte menos romántica del asunto (que también cuenta). La estructura pesa alrededor de 30 toneladas y tuvo que viajar desmontada desde Francia antes de volver a levantarse en Nevada. Maindron llevaba años soñando con colocar una obra propia en Burning Man, después de haber conocido el festival como participante en 2016 y regresar más tarde como voluntario. Ahora lo hace rodeado por una ciudad efímera donde incluso doce de las instalaciones acabarán devoradas por el fuego antes de que todo vuelva a desaparecer.
Eiffela Broken Dream también se marchará.
El desierto recuperará su línea horizontal y aquella Torre Eiffel accidentada seguirá circulando en fotografías como si París, durante unos días, se hubiese equivocado de planeta.
















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