Hay algo fascinante, lo reconozco, en ver cómo un baile centenario se niega a quedar atrapado en una vitrina de museo. En Tallin, el colectivo universitario de danza Soveldaja ha decidido que las faldas de lana pesadas y los tocados tradicionales no tienen por qué reservarse exclusivamente para las celebraciones patrióticas de postal. Para sumarse a la iniciativa internacional ‘Born From Culture‘, estos bailarines han unido fuerzas con el veterano acordeonista Ernst Valdmaa y han llevado sus giros folclóricos sobre la hipnótica base del ‘Mask Off’‘, el célebre tema de Future. De ese cruce insólito nace el vídeo turístico de Estonia más estimulante que vas a ver en mucho tiempo, una colisión cultural que demuestra que la identidad de un país se vuelve fascinante en cuanto pierde el miedo a dialogar con el presente.
Lo más interesante (desde un punto de vista profesional) de la propuesta es asomarse a la trastienda de su producción. La coreógrafa Elo Unt y el bailarín David Truusa no se limitaron a calzar pasos antiguos sobre una canción de moda para buscar el impacto fácil en redes. Escucharon la cadencia, adaptaron la tensión de cada movimiento y se lanzaron a las avenidas adoquinadas con el operador Kevin Kohjus, un equipo técnico mínimo y un generador eléctrico que tuvieron que transportar a pulso durante ocho horas de rodaje para alimentar los focos (con el frío de octubre apretando de verdad). La chispa prendió por pura emulación creativa tras ver las interpretaciones que ya habían filmado en Georgia y Lituania. Cero artificio corporativo, apenas diez días de preparación y una fe absoluta (y casi refrescante, diría yo) en que el patrimonio local puede ser tan elástico y dinámico como cualquier disciplina urbana.
La acogida ha sido tan rotunda que tanto Visit Estonia como otras plataformas culturales de la ciudad se apresuraron a celebrar y compartir la pieza para acabar rebasando el millón de reproducciones en su primer día. Y es que en el marketing de destinos se suele caer con frecuencia en la inercia de tratar el folclore con una reverencia solemne, casi arqueológica, como si el contacto con la cultura popular contemporánea fuera a desgastarlo. Esta pieza, en cambio, recuerda con elegancia que la herencia popular no necesita pedestales para seducir, solo un punto de descaro y la sensibilidad de entender que el mejor reclamo de una tierra es mostrar cómo se mueve cuando decide pasárselo bien.
El resultado es absolutamente hipnótico.





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