Una cosa te digo, en las pelis de ciencia ficción de nuestra infancia, esto hubiera encajado perfectamente. Es como si, de repente, alguien se hubiera decidido a hacer realidad alguna de las visiones que los cineastas de los 80s (y alguno de los 90s) tuvieron sobre el futuro y dijeran, «va, vamos a hacer un dinner de los que podría haber visitado Marty». Pues eso, que si esta noche te apetece una hamburguesa con nombre de coche eléctrico, una sesión de cine desde el asiento de tu Model Y, o que un robot te sirva palomitas en un lugar que está a medio camino de Back to The Future y Mad Men con un toque de Blade Runner, el nuevo y delirante templo futurista de Elon Musk, el Tesla Diner, será tu nuevo lugar preferido en el mundo (y ojo, porque pronto podrían haber varios repartidos por todo el planeta).
Ubicado en pleno Hollywood (claro), este espacio no es solo un restaurante, ni una estación de carga, es una escenografía viviente donde la nostalgia cincuentera y el diseño del mañana comparten mesa. Te hablo de un lugar en el que cada cargador es una promesa de pausa, de estética, de espectáculo. Si es que incluso la banda sonora del video con el que se presenta, te resultará familiar. Mucho, Roy Batty.
Grease con un toque de Cybertruck…
Sí. Lo has leído bien. es como si te invitaran a cantar —o a bailar, o las dos cosas, ya puestos— el Greased Lightnin’ pero con toques eléctricos. Porque el edificio, con sus líneas curvas, neones y terraza con vistas al skyline angelino, parece sacado de un delirio art déco alimentado por inteligencia artificial. Por supuesto, hay camareros y camareras en patines, menús servidos en cajas de Cybertruck y perritos calientes de chef. Todo firmado por Eric Greenspan y disponible 24/7, ya sea en el comedor, en la app, o directamente en la ventanilla del conductor. No sé. es que es tal cual nos lo contaron, ¿no te parece?
Pero lo más Tesla no está en el menú. Está en la experiencia (como no podía ser de otra forma, que ya sabes que Elon no está para bromas), las pantallas proyectan clips sincronizados con el tiempo medio de carga. El sonido te llegará a través de los altavoces del coche. Y las luces de la estación casi parecen coreografiadas. Todo para que (como propietario de un Tesla) te sientas diferente. Único. Para que te entren ganas de consumir…
Tesla ha creado su propio decorado. Y tú puedes entrar en él…
Al final, cargar el coche se convierte —sólo— en excusa para entrar en escena. Para encontrarte cara a cara con un Tesla Bot sirviendo snacks. Caerás en la tentación de comprar merchandising . Y fliparás con los baños con vistas al espacio. Todo huele a estrategia y exceso, sí, pero también a un deseo de dominar con la narrativa, de convertir cada parada en relato.
¿Es útil? ¿Es sostenible? ¿Es necesario? Tal vez no. Pero —va un momento kit kat— en un mundo que a veces olvida la importancia de lo lúdico, de lo estético, de lo sorprendente, tal vez sí. Porque esto no es un restaurante. Es un concepto. El Tesla Diner no quiere ser práctico, quiere ser memorable. Y, por ahora, lo está consiguiendo. En cola, cientos de curiosos.. Pero más allá del marketing y el hype, hay algo que late con fuerza, el deseo de volver a sentir que moverse puede ser divertido. Que el futuro también puede tener estilo.
Y que la tecnología, a veces, solo quiere jugar..




















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