Cien años son suficientes para ver caer imperios, nacer revoluciones y transformar radicalmente la forma en que nos hablamos unos a otros. En la industria de la comunicación, sobrevivir un siglo no es solo un logro administrativo, es un acto de darwinismo creativo. Por eso, para celebrar su entrada en el club de los centenarios en 2026, Publicis ha decidido no limitarse a soplar velas. En su lugar, ha liberado – de forma casi lietral – a su bestia más icónica (y no te hablo de la creatividad, que también). En una epopeya visual de seis minutos, el legendario león del grupo deja de ser un logotipo estático para convertirse en un viajero del tiempo, un testigo silencioso que camina con paso firme a través de la historia, recordándote que la única constante en este negocio (el nuestro) es el movimiento.
La pieza es una declaración de intenciones que huye de la nostalgia polvorienta. Desde los primeros fotogramas, se intuye una ambición cinematográfica que mezcla la crudeza del material de archivo con la pulcritud de las nuevas tecnologías. No es un documental, es una alucinación histórica guiada. Fundada en 1926 por el visionario Marcel Bleustein-Blanchet en un pequeño apartamento parisino, la agencia utiliza esta película para trazar una línea que conecta el pasado analógico con el futuro algorítmico, dejando claro que su identidad se ha forjado en el fuego de las crisis, las guerras y los cambios culturales, siempre bajo la misma premisa, nunca rendirse. Tampoco ahora. Tampoco en esta era…
Alquimia visual: Donde el archivo abraza a la IA
Porque lo que hace que esta campaña respire futuro no es solo lo que cuenta, sino cómo lo cuenta. Publicis Conseil y Prodigious han orquestado una producción híbrida fascinante, donde la Inteligencia Artificial actúa como el hilo invisible que cose la realidad con la memoria. De las 4.500 imágenes de archivo procesadas, muchas han sido reinterpretadas y enriquecidas digitalmente para que el león, el verdadero protagonista de la historia (y una nada disimulada metáfora de la valentía), pueda interactuar con entornos que van desde la posguerra hasta la era digital. Es un collage en movimiento donde se cruzan figuras como Édith Piaf o Charles de Gaulle, anclando la marca en el imaginario colectivo europeo.
Esta técnica no es un capricho estético, es la demostración empírica de la tesis del grupo. En su adn se encuentra impreso absorber la tecnología para potenciar la narrativa. Así, aproximadamente una cuarta parte del metraje es rodaje nuevo, mientras que el resto es una simbiosis de historia recuperada y generación sintética. El resultado es una textura visual única, una continuidad onírica que te permitirá sentir el paso del tiempo sin sufrir interrupciones narrativas. El león camina, observa y avanza, y con él, verás la evolución de una empresa que ha entendido que para mantenerse relevante, hay que saber mudar la piel sin perder el alma.
El testigo pasa de mano (y de garra)
Más allá del espectáculo técnico, la película se siente como un ritual de paso. En pleno debate sobre hacia dónde vamos, Publicis utiliza su propio peso histórico para señalar el camino. Arthur Sadoun, actual CEO, y las voces recuperadas del pasado, te recuerdan que la incertidumbre no es algo nuevo, es el hábitat natural de los creativos. Por eso, este aniversario se plantea como un segundo renacimiento, en el que la inteligencia artificial no viene a sustituir, sino a expandir las posibilidades de ese ingenio humano que Bleustein-Blanchet plantó hace cien años.
Para cerrar el círculo, la campaña se complementa con un documental que profundiza en las figuras clave de esta saga empresarial, como Élisabeth Badinter y Maurice Lévy. Pero la imagen que perdura, la que se te quedará grabada en la retina, es la de ese león avanzando imperturbable entre el ruido del mundo.
Es un recordatorio poderoso de que la verdadera vanguardia consiste en (man)tener la resistencia necesaria para seguir caminando, década tras década, rugido tras rugido.





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